La fuerza de voluntad

La fuerza de voluntad

Fumaba un paquete diario. En el trabajo no podía fumar, tampoco lo hacía en el coche, incluso me prohibí a mí mismo fumar dentro de casa; y aun así, fumaba un paquete diario.

Tal era la dependencia, que en el trayecto que hacía en coche del trabajo a casa, en más de una ocasión me desviaba para poder comprar cigarrillos. La angustia comenzaba cuando contaba el número de cigarrillos que me quedaban y los que pensaba que “necesitaba”:

– Uno para después de la cena, otro antes de dormir; uno para el desayuno, otro mientras camino hasta el coche… Imposible. No me quedan suficientes. – Pensaba, y me salía de la autovía para buscar en algún pueblo un bar donde aún pudiera comprar cigarrillos.

He buscado las excusas y los lugares más insospechados para poder fumar, para sentir el alivio a la angustia que la propia falta de nicotina me estaba provocando. Un círculo vicioso, nunca mejor dicho, del que pensaba que era imposible salir.

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Vi como algunos amigos, fumadores empedernidos, habían conseguido abandonar el hábito. ¡Era posible! Escogí una fecha: en Nochevieja dejaría de fumar.

Y llegó mi día. Todavía recuerdo el cenicero donde apagué el último cigarrillo. El primer día sin tabaco lo superé sin dificultad. El día de Año Nuevo aún te encuentras en la nebulosa de la noche anterior, y entre saltos de esquí y caldito vas pasado el día.

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Lo peor vino al día siguiente: almuerzo familiar y mucha gente fumando. Pero apreté los dientes y conseguí superarlo.

– Si he conseguido pasar un día como el de hoy, – me dije, – lo dejo seguro.

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Ahora llevo 6 años sin fumar. Creo que el único que apostaba porque lo conseguiría era yo mismo. Y lo he conseguido, no sin esfuerzo, claro. He soñado en incontables ocasiones que estaba fumando un cigarrillo y me he despertado aliviado sabiendo que sólo era un sueño.

Cuando escuchas a la gente que te anima a dejar de fumar, siempre te hablan de que mejorará tu salud, que saborearás mejor la comida, que no apestarás a tabaco, que podrás ahorrar el dinero para otras cosas…

Yo lo que creo que he ganado al dejar de fumar es
mucho más importante que todo eso: yo he ganado LIBERTAD.

He ganado la libertad de poder elegir a los sitios que quiero ir cuando quiero, sin tener que pensar en si se puede o no se puede fumar, en si habrá un sitio donde comprar tabaco, etc.

Sí, libertad, y la sensación de ser más fuerte y poder dominar mis impulsos.

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¿Has dejado de fumar? ¡Cuéntanos tu experiencia y ayúdanos a ayudar!

 

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