Razones absurdas para dejar de fumar

Razones absurdas para dejar de fumar

Hace 3 semanas que venimos contándote nuestra experiencia personal sobre cómo decidimos y cómo conseguimos dejar de fumar, y a estas alturas ya te habrás dado cuenta de que lo más importante es tener una razón de peso.

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Si tú aún no encuentras la tuya, aquí te damos 20 razones absurdas, pero muy importantes, para dar este paso:

Olerás mejor, en todos los sentidos

Dejarás de ser un esclavo del “salgo a fumar”

Podrás sentarte dentro de un bar sin miedo y disfrutar
del aire acondicionado y la calefacción

“Esa tos” ya no será de fumar

No irás con la lengua fuera al subir una calle empinada

Te concentrarás más en cualquier actividad

No sufrirás la “mehedejadoatráselmecherofobia”

Tus dedos dejarán de amarillear

Recordarás ese olor especial con más intensidad

Los que se quitaron de comprar, ya no podrán
gorronearte

Podrás beberte una copa tranquilamente, créeme

Tendrás más tiempo al cabo del día

No necesitarás ni tanto bolso ni bolsillos

Serás una persona más activa

Ya no te dirán eso de “Buag, parece que estoy besando
a un cenicero”

Ahorrarás, o podrás tomarte un par de cervezas al día,
¡con su tapita!

Ya nadie podrá compararte con un “carretero”

No tendrás que volver a pintar las paredes de tu casa
cada 2 años

No tendrás que esperar a otro Fin de Año para que
dejarlo sea de nuevo un propósito de Año Nuevo

No tendrás que buscar más razones para dejarlo

Si ya estas decidido a cambiar tu vida, te proponemos un reto:

El Reto Corporación Dental

Cuando compres tu próximo paquete de tabaco, escribe una de nuestras 20 razones en cada uno de los 20 cigarros.

Cada vez que sientas ganas de fumar, piensa en esas 20 razones. ¿Sacrificarías una de ellas, para toda la vida, a cambio de 10 minutos de placer?

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Si tú también quieres dar el paso, en Corporación Dental te lo ponemos fácil para empezar. Ven a tu clínica de confianza y comienza a ser libre.

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Acepto

Acepto

Empecé a fumar con 11 años. Me llamó la atención probarlo y, aunque al principio no me gustó, reconozco que pronto empecé a fumar por gusto.

Vi que calmaba mi ansiedad por comer, y así me mantenía delgada. Además, tampoco era tan malo, yo no fumaba muy seguido. Prácticamente sólo fumaba cuando estaba con mis amigos, y siempre a escondidas de mis padres.

Mi abuela falleció cuando yo tenía 13 años. Cáncer de pulmón. Quise morir con ella, y comprendí que el tabaco podía matar así a cualquiera, incluso a mí. Tras la pérdida de mi abuela decidí que no volvería a fumar.

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Pero mi decisión no duró mucho. Poco después, una depresión me empujó de nuevo a sufrir episodios de ansiedad por comer y para intentar calmarlos volví a fumar. Me vi sola, no sabía con quién compartir mi angustia.

Con 20 años hubo un cambio en mi vida: nuevos aires, nuevas oportunidades en mi vida, y entre ellas, la de dejar de fumar. Y así lo hice. Más de 5 años sin fumar.

Y otra recaída. Nadie me incitaba, pero era esa sensación de calma que encontraba con cada cigarrillo, y que me ayudaba a no comer, la que me invitó a fumar de nuevo. Cada recaída era peor que la anterior.

Ahora tengo 31 años, y hace unos días tuve otra recaída. Aparentemente es lo único que calma mi ansiedad, pero no la cura, y tengo claro que realmente no vale la pena esclavizarse.

“Mamá, yo también quiero fumar”, me dijo mi hijo hace unos días, con apenas 6 años. ¿Cómo explicarle que es dañino para la salud? ¿Cómo explicarle que el tabaco mata, cuando te estás matando tú?

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Mi abuela era una mujer fuerte, bella y alegre. Recordarla en sus últimas semanas, triste y apagada, casi sin vida, sin fuerza. Casi sin poder respirar…

Fumar no sólo apaga tu vida, sino la de todos aquellos que te aman: tu hijos, tu pareja, tus nietos, tus padres y hermanos, primos y sobrinos, tu amigos… Toda esa familia que tanto amas y por la que tanto luchas, todo aquello por lo que sueñas, se destruye en el momento en que tu vida se apaga.

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No quiero que mi hijo pase por lo mismo. No voy a permitir que mi hijo pase por eso. Así que acepto el reto: lo dejo. Y sé que con fuerza de voluntad, lo consigo. Querer es poder.

“No enciendas un cigarrillo, enciende la llama de tu corazón. No respires ese humo, respira vida, respira amor. Vive y sé feliz, es lo único que importa.”

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La decisión

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A los 14 años probé el primer cigarrillo de lo que serían 11 años de adicción. Solía repetirme “cuando encuentre mi primer trabajo, dejaré de fumar”, pero realmente no apostaba un duro por mí.

Nunca antes lo había intentado, ni tan siquiera me lo había planteado. Un día alguien me dijo:

– Me gustaría que dejásemos de fumar.- Me lo dijo con una dulzura tremenda, con esa mirada llena de entusiasmo y confianza y ese compromiso de acompañarme en el camino.

– Lo intentaré- tuve que responder. No sabía por qué había dicho eso, pero en ese momento entendí que, por ella, lo haría. Porque igual no quería dejarlo, pero sí que quería arañar al reloj los minutos que cada cigarro le estaba robando a mi vida.

Así que fijé una fecha y tracé un plan. 28 de enero: resurgir de las cenizas.

Me quedaba un mes por delante, así que decidí analizar mis hábitos para que el día elegido fuera un éxito.

Durante los días siguientes probé a suprimir arbitrariamente cigarrillos “imprescindibles”: el de después de comer, el de las copas, el primero del día, el último,… Y no era tan insoportable como siempre me había imaginado.

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Recuerdo la noche del 27 de enero. Estaba con mis amigos, y al día siguiente salía de viaje antes del amanecer.

Poco antes de irme a casa, tiré mi “kit de fumadora”: mechero, tabaco, boquillas y papel, pues por aquel entonces fumaba tabaco de liar. Saqué hasta el cenicero del coche.

Esa noche mis amigos me despidieron con bromas sobre si sería o no capaz…

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Y sin darme cuenta, ya llevaba dos días completos sin fumar. ¡Dos increíbles días! Y no me había costado nada. Fue entonces cuando comprendí que lo difícil no era dejarlo, sino tomar la decisión.

Y entendí de que aquello de “cuando encuentre mi primer trabajo” sólo era una excusa para no dejarlo, pues ni siquiera andaba buscando trabajo. Y es que al final todos nos engañamos así: cuando esté más relajado, cuando me vayan mejor las cosas, cuando solucione este problema,… ¿Cuándo?

¿Cuándo

vas

a tomar

la decisión

de relajarte,

de mejorar las cosas

o de solucionar tus problemas?

Date cuenta de que al final todo se resume en implicarte en tu propia vida y dejar de poner excusas.

Así es como conseguí DECIDIR dejar de fumar. Dejarlo, ya veis, fue fácil, fue solo.

Y tú, ¿te atreves?

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La fuerza de voluntad

La fuerza de voluntad

Fumaba un paquete diario. En el trabajo no podía fumar, tampoco lo hacía en el coche, incluso me prohibí a mí mismo fumar dentro de casa; y aun así, fumaba un paquete diario.

Tal era la dependencia, que en el trayecto que hacía en coche del trabajo a casa, en más de una ocasión me desviaba para poder comprar cigarrillos. La angustia comenzaba cuando contaba el número de cigarrillos que me quedaban y los que pensaba que “necesitaba”:

– Uno para después de la cena, otro antes de dormir; uno para el desayuno, otro mientras camino hasta el coche… Imposible. No me quedan suficientes. – Pensaba, y me salía de la autovía para buscar en algún pueblo un bar donde aún pudiera comprar cigarrillos.

He buscado las excusas y los lugares más insospechados para poder fumar, para sentir el alivio a la angustia que la propia falta de nicotina me estaba provocando. Un círculo vicioso, nunca mejor dicho, del que pensaba que era imposible salir.

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Vi como algunos amigos, fumadores empedernidos, habían conseguido abandonar el hábito. ¡Era posible! Escogí una fecha: en Nochevieja dejaría de fumar.

Y llegó mi día. Todavía recuerdo el cenicero donde apagué el último cigarrillo. El primer día sin tabaco lo superé sin dificultad. El día de Año Nuevo aún te encuentras en la nebulosa de la noche anterior, y entre saltos de esquí y caldito vas pasado el día.

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Lo peor vino al día siguiente: almuerzo familiar y mucha gente fumando. Pero apreté los dientes y conseguí superarlo.

– Si he conseguido pasar un día como el de hoy, – me dije, – lo dejo seguro.

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Ahora llevo 6 años sin fumar. Creo que el único que apostaba porque lo conseguiría era yo mismo. Y lo he conseguido, no sin esfuerzo, claro. He soñado en incontables ocasiones que estaba fumando un cigarrillo y me he despertado aliviado sabiendo que sólo era un sueño.

Cuando escuchas a la gente que te anima a dejar de fumar, siempre te hablan de que mejorará tu salud, que saborearás mejor la comida, que no apestarás a tabaco, que podrás ahorrar el dinero para otras cosas…

Yo lo que creo que he ganado al dejar de fumar es
mucho más importante que todo eso: yo he ganado LIBERTAD.

He ganado la libertad de poder elegir a los sitios que quiero ir cuando quiero, sin tener que pensar en si se puede o no se puede fumar, en si habrá un sitio donde comprar tabaco, etc.

Sí, libertad, y la sensación de ser más fuerte y poder dominar mis impulsos.

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